Federico Harrison reflexiona sobre la flexibilidad que necesita la educación superior para preparar a los jóvenes ante un mundo profesional cambiante
La educación superior enfrenta el desafío de preparar a los jóvenes para un mundo profesional que cambia rápidamente, en el que las certezas sobre las carreras y los puestos de trabajo son cada vez menores. Para nuestro rector, Federico Harrison, esta realidad exige que las universidades revisemos no solo qué enseñamos, sino también cómo diseñamos las trayectorias de aprendizaje.
En una reciente entrevista, Harrison señaló la flexibilidad curricular como una de las respuestas necesarias ante este escenario. Muchos jóvenes llegan a la universidad mientras todavía exploran sus intereses y talentos; por ello, considera fundamental construir planes de estudio que les permitan descubrir distintas áreas, desarrollar competencias transversales y ajustar su ruta de formación sin perder todo lo que ya han avanzado.
Esta transformación también plantea un desafío para las propias instituciones. Avanzar hacia modelos más flexibles requiere revisar estructuras que tradicionalmente han sido rígidas y, sobre todo, confiar en la capacidad de los estudiantes para tomar decisiones sobre su formación. Desde su perspectiva, los jóvenes deben asumir un mayor protagonismo en el diseño de la ruta académica que desean seguir.
Para Harrison, esta conversación trasciende a una sola universidad. La flexibilidad curricular debe convertirse en un objetivo estratégico para la educación superior salvadoreña, con el propósito de formar profesionales capaces de desenvolverse en entornos cambiantes y con una perspectiva global. La reflexión cobra aún mayor relevancia ante una realidad que él mismo plantea: es probable que muchos de los puestos de trabajo que ocuparán nuestros estudiantes todavía no existan.
Esta visión también es desarrollada por nuestro rector en su columna “Necesitamos planes de estudio más flexibles”, publicada en La Prensa Gráfica, donde profundiza en la necesidad de avanzar hacia modelos educativos que brinden mayor flexibilidad a los estudiantes y respondan a las nuevas dinámicas profesionales.
Leé la columna completa de Federico Harrison en La Prensa Gráfica:
