ornament

Padres de familia celebran la formación única de sus hijos y el impacto de una Escuela que deja huella

La graduación de la promoción 29 de nuestra Escuela Mónica Herrera fue mucho más que una ceremonia académica: fue un encuentro cargado de emociones, gratitud y sueños cumplidos. Para los padres de familia, ver a sus hijos subir al escenario como profesionales es la culminación de un proceso que transformó sus vidas y las de sus hijos. Una etapa en la que descubrieron una comunidad educativa única, que apuesta por la creatividad estratégica y la formación integral con propósito.

“Agradecida con Dios y con la Virgen por la oportunidad que nos dio de que Daniela entrara en la Mónica Herrera, convirtiéndose en una experiencia totalmente diferente que no tiene ninguna otra universidad”, expresó con emoción Lorena Cabrera, madre de Daniela Olivo.

Como Mónica Herrera no solo entregamos títulos, entregamos futuros. Desde el primer día, las familias pudieron reconocer el sello diferenciador de una institución que educa para el presente y el mañana. Sus hijos aprendieron a pensar críticamente, a comunicar con intención, a trabajar en equipo, y a convertir ideas en proyectos con impacto real. Pero, sobre todo, aprendieron a creer en sí mismos.

“Yo veo a Javier como todo un profesional, visionario, empoderado y por supuesto orgulloso de cumplir uno de sus más grandes sueños, en esta gran Escuela Mónica Herrera”, compartió Nicolás Méndez, padre de Javier Méndez, con orgullo reflejado en su voz.

La Escuela se convierte, durante los años de formación, en una segunda casa. Una comunidad vibrante que une a estudiantes, docentes, y familias en un mismo propósito: crear, liderar e innovar con sentido. Para muchos padres, el ambiente cálido y humano que rodeó a sus hijos fue tan importante como la excelencia académica recibida.

“Mi hija siempre va a ser mi niña adorada, pero es una mujer admirable y con mucha tenacidad. La comunidad de la Mónica Herrera es hermosa, muy unida, la amistad, las oportunidades de trabajo y el ambiente entre todos los muchachos… Ahora a comerse el mundo, todos somos Mónicos”, afirmó Nadine Jeanpiere, mamá de Bettina Trabanino.

Este camino no estuvo exento de desafíos, pero cada obstáculo fue una oportunidad de crecimiento. La metodología por competencias, el enfoque en el pensamiento estratégico y la cercanía del cuerpo docente marcaron una diferencia significativa. Los padres no solo vieron el resultado, vivieron el proceso, y hoy celebran la transformación de sus hijos en agentes de cambio.

“Estoy muy orgulloso, admiro mucho a mi hija y sé que este es solo el inicio de sus mejores días tanto en lo profesional como en lo personal. Agradezco a la Escuela por el proceso personalizado para llevar a los alumnos al máximo nivel”, concluyó con emoción Roberto Orellana, papá de Valeria Gallardo.

Ingresá al siguiente enlace y descubrí un testimonio lleno de orgullo, emoción y gratitud: https://www.instagram.com/reel/DL3OpQUPmzb/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=MzRlODBiNWFlZA==

ornament